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El derbi de Carazo entre Caciques del Diriangén y Xilotepelt, terminó de la peor manera, luego que gran parte de ambas barras se enfrentaron en las gradas abarrotadas del estadio Pedro Selva, de Jinotepe. Transcurría el minuto 74 del partido y los Caciques goleaban con autoridad 4- 1 a sus vecinos, con tres goles del colombiano Miguel Potes y uno de Remy Vanegas, mientras el descuento llegó a través de la testa de Armando Reyes.
El catracho José Armando Cruz, siguió un balón filtrado, buscó como llegar antes que el portero Jorge Cundano, pero éste se apresuró y el botín de Cruz se estrelló en la humanidad de Cundano, quien cayó dolido, provocando la reacción del defensor cacique Juan Carlos Narváez, que increpo de manera agresiva a Cruz por la dura falta. El calor del juego, o la frustración salió a relucir y Cruz reaccionó de manera violenta, tirando puñetazos y codazos a Narváez, quien no hizo esperar su respuesta. Mientras el árbitro central del juego, Franklin Jarquín, se aprestaba a sacar tarjeta a Cruz por la falta sobre cundano, si era amarilla o roja no se sabe, el catracho no dio tiempo de ver el color, ya el pleito estaba en desarrollo. La masa de jugadores no dejaba ver con claridad quien le pegaba a quien, ni quien intentaba separar a quien. Se pensó que era un pleito nada más y después de la separación y las respectivas expulsiones todo se normalizaría. En total fueron seis los expulsados en el incidente, tres caciques y tres del “xilo”: Juan Carlos Narváez, David Solórzano y Eric Téllez por los Caciques, por el Xilo se iban a las gradas, José Armando Cruz, el portero Douglas Estrada y Roberto Vanegas. Jarquín, en tanto, dio tiempo para que los expulsados salieran del terreno de juego y poder reanudar las acciones, pero los ánimos en las gradas estaban demasiados calientes, esperando solamente la chispa que encendiera la pólvora. Lo que llamó la atención es que algunos jugadores de ambos clubes en vez de calmar a sus seguidores más bien los provocaban, así Juan Carlos Narváez a su salida del campo, se detuvo cerca de arco defendido por Estrada del “Xilo” y comenzó con la camiseta cacique extendidas en sus manos a mostrárselas a los fanáticos locales, por su parte el volante Rafael Baquedano hacía como que tomaba su genitales por encima de su pantaloneta y se las mostraba a los fanáticos caciques. Segundos después, en las gradas sur, volaban vasos plásticos, latas de gaseosas y cervezas, naranjas, piedras, en fin lo que tuvieran a mano era bueno para agredirse. El caos se apoderó del estadio, y las carreras de los más indefensos, buscando protección, no se hizo esperar. La barra diriambina abandonó el estadio, pero la adrenalina estaba en punto de ebullición, y ambas fanaticadas se trabaron en enfrentamiento fuera del estadio, ya aquí eran las piedras la que dominaban la trifulca, pero no impidió que detonaciones de armas de fuego se escucharan en el corre y corre. La situación hubiese sido más dramática sin la presencia policial, pues fueron las fuerzas antidisturbios las que evitaron una segura invasión al terreno de juego de ambas barras, y un enfrentamiento crudo en las graderías, lo que hubiese sido brutal. Aun así hubo personas heridas por pedradas, hasta una oficial de policía que trataba de controlar la situación fue alcanzada por tenamaste en su brazo derecho. Aquí no es quien inicio la agresión, ni quien tuvo la culpa, sino que es una verdadera vergüenza que una rivalidad deportiva una vez más llegue a extremos incontrolables e intolerables, que ir a presenciar un partido de fútbol se convierta en una seria amenaza para las familias amantes de este hermoso deporte, señores el gran perdedor con estos bochornosos actos es nuestro fútbol y nadie más. El juego fue suspendido en el minuto 75, y el resultado no es oficial, hasta que la Federación Nicaragüense de Fútbol (FENIFUT), haga un estudio del caso y de su veredicto.
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