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 Vicente Padilla ha respaldado a su equipo, pero la mala administración poco a poco va hundiendo el proyecto.
Cuando el Big Leaguer Padilla pensó en el proyecto de un equipo de fútbol hace un par de años, lo que pretendía era conformar un club de alto nivel que llegar incluso a la Liga de Campeones de Concacaf, pero en camino ha encontrado un sinnúmero de obstáculos, sobre todo a nivel dirigencial.
Uno de los mayores problemas de Vicente es que no ha tenido personal con conocimiento del fútbol nacional y cuando trajo al técnico brasileño Flavio Da Silva, éste apenas aguantó un torneo a cargo del club, por las presiones internas. Otro ha sido la contratación de personal. Los extranjeros han quedado en deuda, en su momento los brasileños y ahora los hondureños, teniendo capital suficiente para buscar jugadores de probada experiencia en el área. La mala dirección a nivel administrativo y gerencial ha hecho que Padilla no confíe en el proyecto, que lógicamente tiene que ser pensando a mediano plazo, sobre todo formando talentos y no confundirse creyendo que a punta de “billetazo” se pueden construir clubes campeones. A todo esto se le suma que el costo del club es alto y depende casi exclusivamente del apoyo de su dueño, que este año es agente libre y hasta que no consiga un contrato no puede disponer de un dinero que no tiene. Si bien ha ganado millones en sus contratos anteriores, Padilla piensa en su futuro, y no puede seguir gastando en un equipo que no tiene réditos, ni por publicidad ni por entradas al estadio. Para el fútbol nacional sería desastroso quedar con una Liga Nacional de Primera División con siete equipos, aunque no será raro pues se sumará a otros clubes como Jalapa, Masachapa, Parmalat, Masatepe, Bluefields, que ya no continúan en el escenario del fútbol.
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